Un lugar especial.

El olor de los libros viejos, el sabor del primer café de la mañana, el calor del vino... El suelo anciano bajo los pies y el frío en las manos.
Sensaciones simples pero complejas al mismo tiempo, capaces de llevarte a otro lugar; a otro momento. Como si se tratase de una llave que abre una puerta especial de mi mente y me diera paso a una habitación que solo yo conozco, solamente para mi.
Cuando piense en este viaje recordaré esas sensaciones, cerraré los ojos y seguramente sonreiré, porque es lo que uno hace cuando piensa en algo bueno: Sonríe.
Y yo sonreiré, y me pasaré un rato simplemente rememorando cada uno de los pequeños detalles que hicieron de estos dos días algo completamente especial e inolvidable.


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