Buenos días.
Fue el olor del café lo que lo sacó de aquel profundo y reparador sueño en el que se había sumido hacía tan solo un par de horas.. La luz entraba débilmente a través de las cortinas, acariciando sus párpados de manera remolona, como un beso suave... Como las caricias lentas que aun sentía ardiendo sobre su piel adormecida.
Se estiró con pereza sobre el colchón, notaba el cuerpo agarrotado y los sentidos adormecidos, pues apenas le había dado tiempo a descansar un poco... Pero aun así en sus labios se dibujó una sonrisa estúpida, sin más... Una sonrisa enorme e idiota.
El sonido de la puerta de la habitación, acompañado del melodioso tintineo de su voz, fue lo que hizo que abriera los ojos, viéndola entrar con una bandeja en las manos, el pelo revuelto y casi desnuda... Pero con aquella misma sonrisa estúpida en sus labios carnosos... Los cuales él se moría por volver a besar.
Ella era lo mas hermoso que había visto nunca, no era guapa... Pero era hermosa, irradiaba luz, color... Era todo lo que él había soñado y mas, todo aquello que nunca se había creído capaz de encontrar. Era preciosa, perfecta y pura. Y era suya. Y él era suyo.
Juntos eran vida, eran alma y eran sueños.
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