Te extraño.
Dos simples palabras, tan fáciles y al mismo tiempo tan difíciles... ¿Cuantas veces las has dicho a lo largo de tu vida? Sinceramente, y con el corazón en la mano. ¿Cuantas veces?
Yo, a lo largo de estos meses, he aprendido que son dos palabras que hay que decir cada vez que se sientan, cada vez que las notes en la punta de la lengua peleando por saltar desde tus labios... ¡Dilas! Sin más, o se te morirán dentro.
Y no solo me refiero a que se lo digas a las personas que extrañas... Por que no solo se puede extrañar a las personas.
En mi caso... Extraño tantas cosas que me faltarían páginas realmente para poder nombrarlas todas pero quizás las mas importantes no son muchas.
Extraño el mar... Con todo mi corazón. Nunca imaginé que podría echar tantísimo de menos algo a lo que incluso he llegado a aborrecer en ocasiones; "¡Yo hoy no quiero ir a la playa!" Cuántas veces habré dicho eso, de las cuales me arrepiento. Extraño su sonido, su olor y su frescura. El ruido de las gaviotas, el de los niños jugando... Todo.
Extraño la brisa con olor a sal... Ese olor que solo puede tener una tierra marinera y que por muy lejos que te vayas nunca, y repito, nunca se te va a olvidar.
Extraño el calor de un "Buenos días" de cualquier desconocido, esa amigable manera de ser que tenemos y aquí tan pocas veces se encuentra.
¡Extraño el café! El de verdad; fuerte y con cuerpo, de ese que te despierta por la mañana con tan solo olerlo.
Extraño la luz, el no poder salir de casa sin gafas de sol o el calorcillo de la mañana pegandote en la piel.
Hay tantas, tantas cosas que extraños. Tantas como las que, seguramente, extrañaré cuando me vaya de aquí. ¿Pero sabéis lo bueno de todo esto? Que cuando extrañas algo con tanta fuerza, lo disfrutas el doble cuando lo tienes a la mano.
¡Que tengáis un buen día!

Comentarios
Publicar un comentario